Valoramos lo que tenemos con mayor intensidad por negación, por privación o por introspección. Si bien empiezo a asumir que parte de la población española no tenga ni pajolera idea de su cultura me corroe las entrañas el tener que asumir, de manera adicional, que las personas no son conscientes de sus raíces y de la evolución vital de sus últimas generaciones. ¡Cómo vamos a ser capaces de entender y valorar lo que tenemos si no somos conscientes de lo que tuvimos!
Mi abuela Lucía murió en el año 1989 a la edad de 69 años -cuando aún yo era joven-, por tanto nació en el año 1920. Su madre, es decir, mi bisabuela, nació en el año 1892 y murió a mitad del siglo XX. Y no prosigo para que observéis con detenimiento mi razonamiento en un breve espacio temporal.
Por regla general, una persona en vida dura alrededor de los 70 años. Esto es casi un siglo de existencia. Bien, remontémonos a la etapa de mi bisabuela cuando estaba a punto de tener a mi abuela, tan sólo 100 años atrás, a principios de siglo XX. Yo nací en Cuatro Caminos, en pleno Madrid, y toda mi familia era de Madrid capital. Por tanto, soy castizo, sí señores, auténtico de pura raza.
Esto que véis aquí es la Glorieta de Cuatro Caminos en el año 1913 (hace tan sólo 97 años!!):

Sí, lo que se ven ahí son diligencias, efectivamente. Y si nos remontamos a la época de la posguerra española parece que las fotos están sacadas de alguna superproducción americana de Hollywood pero no, son la mismísima realidad de un Madrid del que no hace tanto recordamos esto:

Efectivamente, hace no llega a 70 años, en la Gran Vía había nazis con sus banderas.
Pero... ¿y si nos remontamos a la etapa de mi tatarabuela? ¿tampoco es tanto, verdad?
1874, Las Ventas:

No había nada alrededor de las Ventas, tierra, campo. Se llegaba a caballo. Para valorar lo que tenemos es necesario entender lo que tuvimos, por eso es importante la historia. En apenas 100 años se ha construido una ciudad entera, con su arquitectura, infraestructuras. Y los niños de hoy, nacen con un móvil en el bolsillo sin pararse a pensar que apenas cien años, un breve intervalo de tiempo, miembros de su familia iban a caballo y Madrid era en su mayoría campo. No lo valoran, porque no lo ven, porque no se les enseña. No es su culpa, es la nuestra.
Bien, sigamos. Puente de los Franceses, 1862:

Puerta del Sol, 1877:

Qué bien se vive hoy en día con la única idea de irse a la Puerta del Sol a emborracharse por Nochevieja, verdad? Y luego, volviendo a casa, tendremos que soportar a algunos que otros inaprensivos quemando algún contenedor. Porque, por si no lo sabéis, esta Nochevieja el 112 ha recibido más de 300 avisos de trifulcas según El Mundo. No se valora lo que tenemos, no lo cuidamos, porque no lo conocemos y no se sabe el esfuerzo que llevó el gestarlo. Por tanto, no importa el ensuciarlo, el descuidarlo, el dañarlo...
Plaza Mayor, 1895:

Gran Vía, 1912:

Gran Vía, 1929:

Gran Vía, década de los 50 (antes se llamaba Avenida de Jose Antonio):

Apenas 80 años la Gran Vía, algo tan cotidianamente conocido por la mayoría de los españoles, se estaba construyendo. Y hoy, es común ver a la gente quejándose porque no hay las suficientes papeleras, porque Madrid siempre está en obras, porque entierran la M30, por... Probablemente, de lo que hacemos hoy disfrute, pasados 60 años, nuestros nietos tampoco lo valorarán si no les enseñamos lo que tuvimos.
Por si fuera poco, no sólo es normal escuchar todo tipo de barbaridades hacia aquellas personas que construyen nuestro Madrid sino también es típico, cotidiano, aconsejar a nuestros hijos e hijas que no frecuenten lugares típicamente madrileños un sábado adentrada la noche. ¿Qué narices está pasando?
Y que conste, por supuesto, que yo también me quejo mucho de mi Madrid. Tanto me he quejado que he llegado incluso a detestarlo. Pero más bien, siendo sincero, es la rabia de quien ve cómo su ciudad va poco a poco degenerándose.
Yo adoraba hace años el Madrid de los churros y las porras los sábados por la mañana, el Madrid de las cafeterías abiertas y de las que no te echaban en horas. El Madrid de la vuelta ciclista por Bravo Murillo los domingos por la mañana. Pero me acabé cansando. Acabé cansado del ambiente, de pasear un viernes por la noche por la Plaza de la Cebada y tener que andar por la carretera porque en la acera estaban orinando. De no poder ir a tumbarme tranquilamente con mi novia en el Parque de la Bombilla por la delincuencia que había. De observar la inmensa inmigración existente en Cuatro Caminos que cambiaba por completo el estilo de vida, las tradiciones, la cultura subyacente de la ciudad.
Y una foto más para el asombro de quienes no conocen su España.
Zeppelin sobrevolando la Gran Vía, 1930:

¡Y este es el Madrid de nuestras generaciones! El Madrid de nuestros abuelos, de nuestros tatarabuelos, de nuestros jóvenes padres. Estas son las condiciones de vida, el día a día de nuestras familias, de nuestras raíces. Esto es lo que hemos sido, de lo que partimos y la semilla de lo que hoy en día somos. ¿Cómo vamos a ignorar nuestra historia? No podemos ignorar al Madrid de la República, a nuestra horrible Guerra Civil, a la España de la posguerra -desolada-, a una España que veía cómo el mundo se mataba en una Guerra Mundial y que mientras ella, sumida en la más absoluta de las pobrezas intentaban salir adelante abrumados por la triste estampa de aquellos que se matan entre ellos. No podemos ignorar a la España de Franco porque es nuestra historia. No podemos tirar estatuas por su significado político, forman parte de nuestra España querida, de nuestras raíces y, queramos o no, somos lo que somos por lo que hubo atrás no por lo que vendrá. No podemos olvidar la etapa de la transición española, de figuras como Adolfo Suárez, como Felipe González. Son historia. Alejémonos de ideas políticas, esto no tiene nada que ver. Al igual que nuestra etapa socialista forma parte de la historia también la popular. Son etapas que cambiaron a nuestro país, que lo hicieron avanzar, retroceder y reconstruirse. No podemos olvidar la Monarquía.
Y por supuesto, no podemos olvidar, que lo que tenemos tiene un valor y hemos de cuidarlo, hemos de preservarlo. No podemos ignorar a nuestros antepasados,a su forma de vivir, sus costumbres, sus tradiciones... es nuestro Madrid y es nuestra España, la España que nos vió nacer y que nos dió cobijo.
Qué será de Madrid con los años, ¿son estas las manos que lo cuidarán?
¿o que lo maltratarán?
Buen martes,
Daniel.