jueves, 16 de septiembre de 2010

¿Existencialismo o ansiedad?




Sólo puedo sentir admiración al observar con el paso del tiempo la evolución personal de mi mujer, con sus dificultades, con sus logros y con las técnicas que emplea en su día a día para intentar ser feliz y progresar. Significa asistir en primera mano a una lucha encarnizada con ella misma, con su entorno y con todo aquello que intenta desmotivarla, dañarla y conseguir privarla de lo mejor de la vida. El poder presenciar cómo una persona se esfuerza día a día por mejorar, cómo llora de impotencia a veces, cómo ríe ante las cosas bonitas y cómo ama cuando lo fácil, lo inmediato, sería entristecerse... es algo especial, y es lo que hace la convivencia algo realmente mágico.

Mucho más mágico, sin duda alguna, es descubrir juntos todo lo bonito de la vida, poder hablar de todo, compartir nuestro tiempo expresando nuestras inquietudes... eso da a la relación un carácter único que, al comparar, resulta inevitablemente muy superior a todo lo recibido por otras personas. A veces pienso que no la saben valorar, que no la saben apreciar y que desde luego, no saben verla. Últimamente siento que todo lo que la rodea es incomprensión, críticas, obstáculos y dificultades. Curiosamente su sensación muchas veces es compartida por mí, por lo que, a menudo, vamos a la par.

Ayer hablábamos de qué sentido tiene todo esto, esto que va acerca de levantarse pronto por las mañanas, conducir directos a un lugar donde no se mira por nuestra felicidad y tampoco por nuestra satisfacción, más bien todo lo contrario. Esto que va de llegar a casa tarde, seguir haciendo cosas, y empalmar días y días sin descanso para descubrir que todo, al final, se resume a gastar el dinero que generamos. ¿Esto va pues de consumir? ¿De tener una casa, un coche y un buen trabajo? ¿O esto va de crear una familia, sacrificarse por educar a unos hijos, luego hacerse mayor y finalmente morirse? ¿Qué estamos haciendo con nuestro tiempo? ¿Lo que estamos haciendo es lo correcto? Y, lo que es más importante, ¿existen otras opciones? ¿dónde están? ¿cómo podemos llegar a ellas? Poco a poco, la sensación de convivir en una selva más que una sociedad evolucionada cobra más peso, y las ataduras sociales que nos impiden ser felices se sienten con mayor intensidad.

La verdad es que no pude dar una respuesta a tantas preuntas... si me preguntan acerca del sentido de la existencia... pues no lo sé. Me vino a la cabeza una parte de la entrevista que le hicieron a Cela. Os dejo aquí una parte de aquella entrevista, en donde a lo que me refiero se alude en los 40 primeros segundos:



La verdad es que coincido con él, no tengo ni idea de qué va ésto. Pero sé las cosas que me gustan y las que no me gustan. Supongo que esto va de ser aplicado, de hacer las cosas lo mejor posible, de querer, de ser honesto, de sentir y luego ya se verá. Tampoco hay que preocuparse tanto acerca de si estamos haciendo lo mejor o lo peor. Pero la sociedad nos amarga con su horrendo sistema que nos intenta hacer ver que debemos de trabajar con un fin, o con varios fines. Realmente, lo que deberíamos preguntarnos es, ¿haciendo lo que hago soy feliz? ¿me gusta hacer lo que hago? Si la respuesta es no, mal andamos encaminados, deberíamos pensarnos el cambiar.

Si hay algo realmente importante, y es algo que me gusta transmitirle cada día, es la necesidad de relajarse, la necesidad de llevar todo de la forma más serena posible, porque la antítesis de la vida es el estrés, el estrés es lo que mata a las personas, la necesidad de ir más rápido. Y la verdad es que es así, pues cuanto más rápido vamos, antes llegamos.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

No por tí




Amor,
no sé escribir por tí.
Sé hacerlo por el amor,
por la nostalgia, por el otoño.
Pero no por tí.
A cada idea, a cada verso,
tu belleza llega inundándolo todo,
y, por más que intento recrearte,
cualquier esbozo resulta pobre y vacío.
Tú que todo me lo has dado,
tu tiempo, tu cuerpo, tu juventud.
Tú que aún te empeñas en quererme,
cuando a cada día que pasa
siento que jamás podré corresponderte.
No por no quererte,
sino por cómo sobrepasa tu amor a mi amor,
tu forma de querer a la forma en que te quiero,
aún queriéndote más que a mi propia vida,
aún sabiendo con certeza,
que jamás podré amar a nadie igual que a tí te amo.
Amor,
tengo miedo a no poder besarte
ya no tan sólo como quisiera hacerlo
sino como tú lo haces,
tan apasionada, tan enamorada,
tan tú.
A pesar de que te beso con amor,
con todo el alma que puedo dejar en tu boca,
con cada una de mis entrañas,
con cada minúsculo pedazo de mi ser.
Tengo miedo, amor,
de no poder saciarte,
de poder perderte,
de que no recibas lo que das.
Por ello, amor, mis palabras no describen suficiente
lo que siento que te amo y lo mucho que recibo,
no dibujan mis ideas por el miedo a desbordarme,
por el miedo a no alcanzarte,
y aunque quiera,
con dolor he de decirte,
que jamás, en mi vida, podré escribir por tí.

Dinero




La vida parece haberse convertido en un puto negocio. Un puto, y jodido negocio de mierda. Hoy en día naces, gritas, y el estado da dinero a tus padres por tu nacimiento, luego a cambio les sube los impuestos, les sube la hipoteca y les sube el iva. Hoy en día vas a la escuela y la sensación tan maravillosa de disfrutar de una educación con tus compañeros cuesta dinero, cuesta dinero aprender. Ni qué decir tiene que cuesta dinero casarse. Porque el matrimonio, pese a lo que digan, es un negocio para la Iglesia. Ni a la sociedad ni a la Iglesia le importa una mierda que te cases, tus sentimientos no les importa, sólo interesa tu dinero y el que con esa decisión desembolsas tanto para el mantenimiento de los puestos de gestión como para aquellos que quieren aprovecharse de unas falsas ilusiones generadas en tí. Y no solamente eso, cuando se muere tu padre, vienen corriendo a ofrecerte lápidas por un módico precio, las tienes en varios colores y formatos, y no son precisamente baratas.

Hoy en día, mucha gente por esta maravillosa parcela del planeta tierra donde puedes sentarte a orinar en un cubilete de mármol con tapa y eliminar el olor de lo que desechas con un maravilloso perfume tan sólo con un click, pasa sus días en compañía de instrumentos que generan sensaciones para ellos. Es el marketing 2.0 le llama. Ahora te venden hasta sensaciones. Joder, qué gilipollez. Quieres sentirte bien? ey, ven a comprar a mi tienda, compra este producto, con tan sólo llevarlo serás envidiado, y si eres de los primeros que lo compras te aplaudiremos al salir de la tienda, saldrás en la prensa, y tus amigos te dirán que si pueden probarlo. Cómprate una tele de cincuenta pulgadas, es lo último, ponla en tu salón, y túmbate en tu sofá a ver el partido de fútbol de las ocho con tus amigos. El verlo como si fuera en el cine, no tiene precio.

¡Es todo una mierda! No es real, no es lo que importa. Se compra hasta la mierda que nos enseñan en la escuela. Porque todos aquellos temarios que intentan meter a presión en la cabeza de nuestros hijos y de los que luego se acuerdan de un quince por ciento, no están ahí porque sí, sino porque alguien, por una serie de intereses, lo ha elegido. Y detrás del nivel de cultura preconfigurado para una era, para unas generaciones, van detrás unos intereses marcados por aquellos que quieren permanecer en el poder.

Joder, no necesitamos ningún producto para experimentar ninguna sensación, no necesitamos comprar ni esclavizarnos a nada, hipotecar nuestra vida, para progresar, para ser más felices. Pero si no has conseguido el tan preciado ahorro, cariño, esperemos que tus hijos cuando tu cuerpo falle puedan mantenerte.

Queremos desfogarnos y liberar estrés y vamos al cine. Queremos pasar un buen rato con los amigos y vamos a tomarnos algo. Queremos tener un detalle con un amigo por su cumpleaños y pasamos por una tienda a comprar algo. ¡Queremos disfrutar del sexo y pagamos por anticonceptivos! Y mientras, familias y familias se sientan en la mesa a hacer cuentas mensuales para cubrir sus facturas y llegar a viejos con algo en el bolsillo. ¡Podemos ir a una aseguradora a asegurar nuestra vida!

Lo peor, es que tal modo de funcionar, queda preconfigurado cuando nacemos y lo vamos adquiriendo progresivamente con mayor fuerza conforme, sin saberlo, nos mezclamos en esta sociedad de consumo. Así, con pocos años, comenzamos a pedir a nuestra madre dinero para ir a tomar una hamburguesa con los amigos. La pedimos dinero para salir los fines de semana. La pedimos dinero para comprar un sacapuntas para el colegio. Y sencillamente no nos preguntamos por qué, es algo intrínseco a la propia vida. Se aprende al igual que se aprende a hablar. Hoy en día, parece que para vivir, se necesita oxígeno, alimentos, agua y dinero. Cuando alguien nos desea lo mejor, nos desea salud, dinero y amor.

Hay una diferencia entre tenerlo y no tenerlo, una diferencia básica, elemental. Y es que uno aprende a disfrutar con él y el otro sin él. Ambos sienten su presencia en su vida, aún teniéndolo o no teniéndolo, sienten su posesión o su ausencia, pero sienten su poder. Y sienten que esa diferencia provoca que alguien se muera de hambre a que coma todos los días en los mejores restaurantes del mundo.

La primera asignatura que debería de haber en una escuela debería ser la de aceptación. Aceptación de nuestra propia condición, aceptación de nosotros mismos, aceptación de las grandes injusticias que veremos, aceptación de que, inevitablemente a nuestros actos, habrá alguien en una posición peor y alguien en una posición mejor. Aceptación del lugar donde nos ha tocado vivir, aceptación...

¿Por qué esto no ocurre? ¿Por qué lo primero que nos dicen al llegar el primer día a la escuela es...: el libro que vamos a utilizar es este, los que no lo tengan pueden encontrarlo en la librería del colegio o en el corte inglés.? O... para la clase de dibujo técnico hará falta: un compás, una regla, un cartabón y unos rotring. ¿Rotring? ¿qué es eso? ¿dónde lo compramos profesor?

Pero lo que realmente me revienta, es la sensación de encender el televisor y ver los numerosos anuncios que intentan venderme sensaciones distintas... es mentira, todo es mentira. Y lo que primero deberían aprender nuestros hijos... bueno, lo segundo, ya que lo primero es a aceptar... es a no necesitar de algo ajeno a ellos mismos para ser felices, a no necesitar de nada extra para obtener aquellas sensaciones tan valiosas para nuestra persona, para nuestro corazón y para nuestra mente. Lo tercero, a mi opinión, que deberían de aprender, es a ser apasionados en la vida.

Porque lo que no nos da la sociedad, porque no se puede vender, es la libertad de elegir. No les interesa. De hecho, intentan bloquear tal libertad, manipularnos para que elijamos lo que ellos quieren.

Pero nuestra libertad, para ser felices, para amar, para encontrarnos a nosotros mismos y para sentir que somos alguien... eso no se compra.

martes, 7 de septiembre de 2010

Tanto como ahora te añoro




Amor,
llegaste tan ligera de equipaje
que jamás pensé que te quedaras tanto tiempo.
Quizás fue porque te abrí las puertas
o quizás porque contigo llené mi vacío.

Amor,
te dejé pasar sin darme cuenta
anclado a la esperanza del que no espera nada,
a la clandestinidad de un beso,
un beso que no llegaba.

Amor,
te recuerdo,
tanto como ahora te añoro,
ahora que no estás cerca
y sin embargo conmigo te llevo.

Aquellas que tanto nos dieron


Viene a mí tu recuerdo
cuando todo en quietud,
y melancolía,
atesora cada hoja verde al alba.
Viene cuando paseo, al arroparme,
tras cada pisada hundida en la arena,
con la espuma de las olas
y el olor a sal.
Viene, como se va,
y anochezco tranquilo,
envuelto en las sábanas aquellas,
aquellas que tanto nos dieron.
Nunca pensé, amor mío,
que pagar el precio de tenerte aquella vez,
llevara a costarme la vida entera.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Quisiera poder quererte





Te quiero más que mi propia vida,
más que el tiempo, que el invierno o el verano.
Te quiero como a un lamento perdido e infinito,
como a una ola que no rompe,
como el viento que mueve tu pelo.
Te quiero y lo quiero todo, y al tenerlo,
ansío no querer nada, desterrar aquello que gané.
Te quiero a tí, como ahora hago,
pero quisiera hacerlo a tu manera,
aunque sé que quizás no pueda.
Te quiero desnuda,
te quiero ardiente,
pero efímera, interminable en un suspiro.
Quiero amarte dolorosamente,
castigando mis entrañas,
sufrir y padecerte, mas no por siempre.
Quiero verte partir, que amanezca con tu ausencia,
deshojarte, recordarte y añorarte,
pero no me basta sin que vuelvas.
Quiero sentirte una vida entera,
aferrarte a mi cuerpo tan joven,
y escuchar cómo mueres a mi lado.
Te quiero entera, exquisita,
pero a veces lenta y acotada.
Te quiero suave y llanamente,
pero otras de manera intensa y dolorosa.
Te quiero como eres
y sin embargo otras veces no lo hago.
Quisiera poder quererte por querer, sin pausa...
y qué pena, amor, no poder quererte nada.

Depresión




Una crisis es un estado anímico social decadente que tiene repercusiones en varios terrenos simultáneamente. Suele aparecer en forma de pequeñas perturbaciones en las personas, disminuyendo su maniobrabilidad personal y sus esperanzas. Curiosamente, las crisis son la repercusión directa de aquellos lastres a los cuales la población se ha esclavizado durante mucho tiempo y de los paradigmas que durante años han habitado entre ellos. Lo estamos viendo hoy en día, existe un sentimiento latente no sólo de inconformidad, sino de abandono. Y digo abandono porque la masa necesita sentirse liderada, dirigida, guiada. Esto es algo que pasa desapercibido en numerosas ocasiones pero es de una relevancia capital.

Si viajamos a otros países donde reina el hambre y la muerte, sentiremos que dejamos atrás todo lo insustancial que actúa de placebo a la existencia humana, pero aquello que vemos allí es la esencia de la vida, la supervivencia. ¿Hasta qué punto las personas en el mundo desarrollado conviven y no sobreviven? ¿Cuál es el límite de la convivencia y la supervivencia? Yo apoyo fervientemente una opinión, que el mundo que domina al mundo sobrevive, mientras que el mundo que es dominado por el mundo no tiene más remedio que convivir. Y es que la raza humana sobrevive por sometimiento y evoluciona por rebeldía. Al mecanismo de la masa no le separa tanto del funcionamiento de supervivencia animal, salvo que las necesidades primarias son fácilmente saciadas en terrenos desarrollados, entonces entran en juego nuevas necesidades, como por el ejemplo, el ocio. Para contener a la masa se ideó el consumo, placebo inmediato de la agonía de la existencia, elemento distractor, pero también eje motor de una sociedad que permite alcanzar el estado de bienestar. Así, tan necesario para la raza humana es el ser dirigido como el ser capaz de autodirigirse. Estamos ante una estratificación por clases tan injusta como necesaria.

¿Pero hasta qué punto el sistema construido es estable? Y he aquí el sentimiento de crisis, el cuestionado del funcionamiento interno por parte del pueblo. No hay nada más arriesgado que permitir a la masa rebelarse y esto sólo ocurre ante una falta de liderazgo. No deben de preocuparse por sobrevivir, sino por convivir, sólo sobreviven aquellos enrolados en tal función, aquellos cuya naturaleza no es sumisa, sino dominante. Los otros, sucumben cuando la positividad sucumbe ante la negatividad.

El riesgo de tal estratificación y tal dominio de la masa es la pérdida de tal control, el no controlar la ensoñación de la misma, que es lo que la ata. Los ideales al ser rotos y puestos cara a cara con la miserable realidad de la supervivencia animal hunde a aquel que no ha nacido para sobrevivir en mera presa que no tardará en ser digerida por el propio sistema.

Así el mejor arma del ser humano es la adaptación y la aceptación, aunque la historia llene de episodios tristes su existencia.

Sin embargo no podemos descuidar algo esencial, la culturización de las generaciones venideras. La cultura es el combustible del hombre, pero también el principal arma de rebeldía contra el que somete.

¿Cuál es el destino pues?
¿Hasta qué punto es aceptable la aberración humana?
Y lo que es más importante: ¿existe otra manera de dirigir?

Pienso que el verdadero motor del mundo es hostil y aniquilador, basado únicamente en la extracción de los recursos naturales para la supervivencia humana. No podemos aniquilar tal poder de aniquilación ni tal hostilidad, inherente al hombre en su parte animal, pero sí que podemos, desde aquellas personas con uso de una razón constructiva y en el poder, contribuir a la mejor gestión de nuestro planeta, que es nuestra madre, a la lenta evolución del hombre y de su historia y a paliar el dolor de aquellos que injustamente e inevitablemente sufren y sufrirán. Como siempre, un acto de destrucción conlleva mil actos de construcción. Sólo queda la fe de que aquellos que trabajan por los hombres ayuden a evolucionar a estos mismos, que quieren acabar con sus propias vidas.
 

Fotografos de Bodas - Daniel Colleman

http://www.squidoo.com/daniel-colleman-fotografos-de-bodas

Fotografo de bodas