En cualquier relación con los años van apareciendo crisis, dificultades, obstáculos, dudas... Todas estas cosas, de superarse, nos permiten reflexionar acerca del amor, de los valores, de lo importante... y nos permiten aclarar nuestras ideas, asentarnos como personas. Ganamos en experiencia, nos hacen más fuertes. Valoramos más lo que tenemos, nos dan aplomo y solidez.
Voy a dar mi opinión actual acerca de algo sobre lo que se sustenta una relación: la fidelidad.
La fidelidad es lealtad, es amor por el amor recibido y compartido, es la perpetuidad voluntaria en el tiempo de un bien recibido en el pasado y presente (el amor) y no olvidado. Yo, agradezco y valoro el amor que compartimos y en señal de mi gratitud y valoración hacia esta cesión, me entrego a tí de una sóla manera, mostrándote mi lealtad como símbolo de mi intención por perpetuar lo que ambos valoramos, de cara al futuro.
La infidelidad implica un desinterés por el amor compartido, una falta de respeto hacia el valor dado al vínculo que une a la pareja. Es por tanto una manifestación de nuestra falta de voluntad por continuar con lo que una vez recibimos y valorábamos.
El mantener una pareja implica constancia y dedicación. La lealtad es fruto de esta constancia y voluntad hacia la otra persona. Y la fidelidad manifiesta nuestro propósito de hacer perpetuar lo que hemos estado perpetuando desde un principio porque para nosotros tenía y tiene un signficado, un valor.
Una persona que no valora lo que tiene, que no tiene las ideas claras, es incapaz de serle fiel a su pareja pues su amor carece de significado, carece de valor y de identidad. Sólo el orden de ideas y el asentamiento de valores puede hacer restaurar el vínculo afectivo en una pareja en la cual la voluntad ha cesado.
Es importante hacer notar que esta exclusividad no conlleva la erradicación de la pasión, sino un freno voluntario a la puesta en libertad de la misma con otros, con el único fin de no dañar aquello importante para nuestra pareja y para nosotros mismos.
El amor a nuestra pareja y la correspondiente fidelidad es consecuencia de una base sólida, un arranque con fundamento y una voluntad. De no tener unos cimientos es probable que la relación se tambalee. Sólo entonces el perdón, la comprensión, la voluntad y el compromiso puede sustentar con hechos lo que una vez falló.
Una pareja a la que amamos y que nos ama es el bien más preciado que una persona puede tener. Conservémoslo, cuidémoslo, esforcémosnos, perderlo sería una absoluta estupidez.
Un fuerte abrazo.
